Centro de Portugal

Viseu

De todos los recuerdos que traje de Viseu, el más precioso es esta imagen que me viene a la cabeza de pinceladas verde-tilo, plazas llenas de risas y la temeridad del héroe lusitano.

No hay quien me saque de la cabeza la imagen que guardo de Viseu. Es una colorida hilera de majestuosos tilos dando sombra al Rossio y, más abajo, las magnolias en flor, al final de la primavera.

Es el corazón de la ciudad, donde todo bulle con una nueva vida desde que se recalificaron el espacio y los monumentos. Los edificios que forman el centro, originales del siglo XIX, siguen imponentes marcando el paso del tiempo, mientras las calles, devueltas a los ciudadanos, y las plazas, llenas de gente, atestiguan el éxito del trabajo firmado por Siza Vieira e Souto Moura.

Son los paisajes deslumbrantes, dentro y fuera de la ciudad, la invitación a descansar la vista en el verde de las sierras de Arada, Freita, Caramulo y Montemuro o en los colores ilimitados de las pinturas de Grão Vasco. ¡Está allí mismo, muy a mano, en el Palacio de los  Tres Escalones, el Museo donde están los cuadros de uno de los más geniales pintores portugueses!

Es la austeridad y la nobleza granítica, la temeridad y la persistencia del guerrero Viriato, líder de la tribu de los Lusitanos que resistía a la invasión romana de la Península Ibérica, cuya figura quedó grabada indeleblemente en el espíritu y en la piedra de Viseu. Esta imagen hecha de mil experiencias, emociones y hasta algo de imaginación es mi recuerdo de Viseu. ¡Qué bueno es poder cerrar los ojos y recordar las fiestas que llenan de arte los meses de verano, los sabores de algunos de los más reputados vinos portugueses!

Entre todos los recuerdos que traje de Viseu, el más precioso es el placer de descubrir con los amigos lo mejor que tiene Portugal.