a destacar
Magnífico, altivo, secular. El castillo de Linhares da Beira marcó, estratégicamente, la línea defensiva del río Mondego.
Ya fue dote de princesas. Continúa siendo un bonito regalo, porque el paisaje es magnífico, el centro histórico es único y las reformas contemporáneas han aumentado su encanto.
A 820 metros de altitud, Castelo Rodrigo continúa arrogante. Muy próximo, con la severidad Románica de la Orden del Cister y el silencio propio de todos los locales imponentes, se encuentra el Convento de Santa Maria de Aguiar. ¡Único!
El Castillo de Almeida fue edificado en la Edad Media pero la histórica explosión ocurrida durante la III invasión francesa no lo preservó. Mucho antes, en la prehistoria, existió aquí un poblado fortificado. Y los árabes eran conscientes de la importancia estratégica de Al Meda.
Marcando la entrada de Castelo Mendo, dos berracos de la Edad de Hierro invitan a pasar la puerta y entrar en un escenario deslumbrante.
Lugar encantado por muchas leyendas y defendido, desde hace milenios, por severas murallas. Su importancia estratégica mereció el cuidado de muchos reinados hasta D. Manuel.
Su castillo formó parte de la línea defensiva del Alto Côa pero, Belmonte, casi se asocia con su comunidad judía. Los judíos llegaron a Belmonte en el s. XIII, resistieron a la Inquisición, se hicieron cripto-judíos y, siglos después, a finales del s. XX, construyeron su sinagoga.
En Monsanto, las piedras de fantásticas dimensiones dominan todo, con un majestuoso y arrogante silencio.
En Idanha-a-Velha los vestigios transmiten la grandiosidad de las diferentes culturas. La belleza de los epígrafes romanos; la perfección de las dovelas que, todas juntas, forman arcos que desafían la gravedad; los vestigios árabes; la severidad e imponencia cristianas, remontándose hasta el período suevo y visigodo.
El encanto en la vertiente este de la Sierra de la Gardunha.
Piedras que contribuyeron a hacer historia...
En el corazón de la Sierra del Açor, es como un belén de pizarra viviendo en la ladera.