Inspirado por los castillos, por las torres y pasadizos, por los arcos y los puentes, siento a veces que llevo en la cabeza la corona del mismo rey.
Las descubrí de una en una, como en los cuentos de hadas: Linhares, Trancoso, Castelo Rodrigo, Almeida, Castelo Mendo, Sortelha, Belmonte, Monsanto, Idanha-a-Velha, Castelo Novo y Piodão.
Abundan las murallas, como firmas del tiempo sobre el suelo pisado por los siglos.
¡Calles mezcladas con historias de personas que se conocen por su nombre! Pequeños rincones encantados, listos para una fotografía.
Paisajes inundados por el sol, donde se descubre la geometría de los olivos y de los árboles frutales, o las muchas ovejas que salpican el horizonte.
Son sitios de saberes antiguos.
¡Un Portugal genuino y generoso!