La primavera se hace verano, a medida que millares de cuerpos redondos rojo pasión gritan que el Centro de Portugal huele a flores y fruta.
Este año he sentido otra vez ganas de trepar al los árboles para coger fruta fresca. Era niño la última vez que lo hice, pero el brillo rojo de las cerezas de Fundão fue más fuerte y acabé masticándolas con la voracidad de quien ansía vivir.
Abril ha llamado al verano y ha traído flores incontables, a brotar en la cima de muchos árboles, tantos como las burbujas de un mar revuelto. Y Junio, fértil de calor, las ha transformado en cuerpos redondos de carne-fruta reventando de sabor en la boca.
¡Aquí los Caminos de las Cerezas gritan a los cuatro vientos que hay olor de flores y de fruta y que esta tonalidad roja se debería llamar rojo-pasión!