Centro de Portugal

Aldeias do Xisto

No hace mucho vi un mundo de piedra que, casi de milagro, no quedó varado en el tiempo. Le salvó la voluntad del que supo prever en la pizarra gris los matices de un gran potencial.

Existe un mundo donde todo se aprovecha: los dinteles de las puertas y de las ventanas son de castaño, las losas de pizarra están en los aleros, encima de las tejas y en los umbrales. Hay tejas de canuto y los herrajes de las puertas son antiguos.

De los sotos se cogen las castañas y la sopa de castaña es famosa todavía hoy en día. La cabra se come cuando es vieja, macerada con vino tinto que la vuelve tierna y da sabor a la “chanfana”. De las pequeñas huertas salen los grelos frescos que, mezclados con la ”broa” (pan de maíz) y el aceite, se convierten en unas deliciosas migas. De los brezos,  y con muchas abejas, todavía hoy, se obtiene una excelente miel.

El pan se hace en casa y su olor perfuma las estrechas calles. Los cabritos corretean sierra arriba y sierra abajo, y eso les convierte en deliciosos platos cuando llega su época.
Y en este entorno, con unas cuantas casitas enclavadas en las laderas, parece que sólo sean  “habitaciones con vistas”. Hay personas, normalmente con rostros arrugados, que comparten toda la sabiduría de un mundo en el que todo escasea.

Decidí, por eso, tomar nota de los nombres de este mundo: Aigra Nova, Aigra Velha, Comareira, Pena, Cerdeira, Talasnal, Candal, Chiqueiro, Casal Novo, Gondramaz, Benfeita, Fajão, Janeiro de Baixo, Janeiro de Cima, Barroca, Água Formosa, Álvaro, Sarzedas, Martim Branco,  Pedrogão Pequeno, Foz do Cobrão, Casal de S. Simão, Ferrarias de S. João. Son las “Aldeas de Pizarra”.