Siempre que vengo aquí me siento más optimista. No veo el vaso medio lleno. Lo veo completamente lleno.
No me olvido de haber leido en un texto de António Mega Ferreira, ilustrado por Fernanda Fragateiro, que “nada hay más misterioso que saber beber.” Aquí en Bairrada, no faltan pretextos para practicar.
Es preciso percibir el aroma, dar tiempo al vino, descodificar en su sabor la madera, el chocolate, las flores, la fruta, la tierra, las especias, las moras ... Darles nombres, con experiencia: ¡redondo, con cuerpo, aterciopelado! ¡Todo cosas que parecen mágicas, ocurriendo dentro de un elegante vaso de vino!
Y después hay toda una “Caligrafía de Placeres”: instantes únicos, sabores delicados, paisajes inolvidables, mares de viñas.
Y a esta “Caligrafía de Placeres” se une otra: la singularidad de edificios ”revivalistas”, “belle epoque” o “art nouveau”, donde la hospitalidad portuguesa se sirve con exquisitez.
Y como si todo esto no fuera bastante, todavía está la grandiosidad de las especies únicas del Bosque de Buçaco : árboles centenarios, plantados en el silencio de los Carmelitas Descalzos, que crecen, todavía hoy, por la fuerza de las aguas ... Siempre que vengo a las Termas, a las de Luso o a las de Curia, me vuelvo un poco más optimista. Contemplo la naturaleza, aprecio las cosas buenas de la vida: hospitalidad, gastronomía, una serena compañía. Ya beba agua o brinde con vino, me doy cuenta siempre que sólo necesito lo que saboreo.