Voy al corazón de un país: el Centro de Portugal. Salgo mañana, muy temprano... Todo está preparado.
Voy a sacudir el peso de los hombros y salir de aquí. Descubrir nuevas ciudades y paisajes que, cuentan, son magníficas: Aveiro, Curia, Luso e Buçaco, Coimbra, Viseu, Serra da Estrela, Tejo Internacional, Aldeias Históricas, Aldeias do Xisto, Castelos de Fronteira.
Voy en busca del corazón de un país genuino, de gente afable, de muchas y antiguas marcas de la Historia, de una naturaleza casi intacta, de nuevas experiencias, de la saludable cocina mediterránea y de grandes vinos.
Ver cambiar el paisaje según pasan los kilómetros, descubrir los nombres pintados en las señales de cada nuevo lugar, ver pasar las casas, las cercas, los puentes y los ríos, los animales ociosos pastando en los campos, las personas presurosas recorriendo las calles, hasta llegar a mi destino sin mirar atrás. Quiero caminar y ser sorprendido por ciudades cosmopolitas y por paisajes únicos. Quiero aprovechar el “glamour” de las termas y ponerme en forma.
Quiero aprovechar estas vacaciones totalmente, porque me han hablado de castillos, de parques naturales, de aldeas que parecen sacadas de un cuento de hadas, de ciudades sorprendentes, de un patrimonio sin igual, de playas encantadas a orillas del Atlántico.
Llevo conmigo estas notas que me han dado unos amigos y marcadas en media docena de mapas.
Voy con el espíritu muy abierto, decidido a sacar partido de estas vacaciones y a guardarlas, como un tesoro cuyo valor sólo yo conozco.
No hay nada mejor que viajar... al corazón de un país.